Era una mañana fabulosa. El panorama era tan frió, lleno de una no tan espesa neblina pero vaya que muy pintoresco, como para quedarse en casa y desayunar en la terraza de aquel sitio tan hermoso y triste.
-¿Aún no se ha despertado mi pequeño?- Decía el señor Dómine mientras tomaba una taza de café y observaba detenidamente el paisaje.
-No, ya hemos ido un par de veces y sigue en su cama- Contestaba una de las sirvientas que había llevado el desayuno.
Él solo seguía sosteniendo la taza de café observando el exterior, la chica de servicio solo asintió y camino a la entrada para dejarlo solo.
-¿Sabes?... Puede hacer lo que quiera, como aquella vez en que se fue de noche y regreso al siguiente día... Puede hacer realmente lo que quiera menos suicidarse o alejarse de mi lado... Jajajajajaja.
Parecía que eso lo decía más para si mismo que para la criada que se quedó quieta escuchándolo, esta, algo consternada, asintió con la cabeza nuevamente y muy nerviosa se dirigió a la cocina con los demás.
Había pasado la hora del desayuno y Eric aun no salía de su habitación, al parecer era bastante normal, y no se le reprochaba absolutamente nada, incluso su padre había ordenado no molestarlo, con el pretexto de que su mayor inspiración no podía denotar enojo, si no amor y felicidad. Eric, a pesar de tener semejantes libertades, no las disfrutaba como cualquier chico que tuviera tales privilegios, en realidad, era un muchacho muy inteligente y propio, salvo algunas ocasiones que salía de su casa muy tarde y llegaba al otro día, ni siquiera era caprichoso, pero si hostigado por los mimos de quien es su padre.
Era seguro que por ser fin de semana, no saldría de su recámara y si lo hacía, era bastante cauteloso.
Paula estaba en otro mundo. Sus padres más tranquilos, podían quitarle el castigo el día que se le había dicho, sus calificaciones eran muy buenas y la chica se le veía increíblemente feliz.
Cosa que sorprendió demasiado a sus compañeros de clase y más a Marina, quien estaba llena de coraje porque el plan de dañar su reputación, tal parecía que no había funcionado.
-Oh vaya Pau, es raro que se te vea muy feliz, ¿Pues que te ha ocurrido?-
-Nada que sea de tu interés, puedes irte por donde viniste.
-No hablo con nerds come libros como tu Astrid, me gustaría que no te metieras gracias~
-Y a mi me gustaría que tratarás con más respeto a mi amiga, Marina, ella puede meterse cuando quiera- Paula había dejado por un momento de dibujar en uno de sus cuadernos para dirigir una mirada amenazante a Marina, quien ya comenzaba a llamar la atención al hablar con esas dos.
-Ja, Pau, todo se sabe tarde o temprano y más en este instituto, pudieras ser tan popular si no te juntarás con estas dos cosas raras- Señalaba a Astrid y Aaron quien ya se había unido al momento.
-Bueno, estás dos cosas raras son mejores que tu Marina, que ni a cosa llegas, vayámonos muchachos, ya es hora de retirarnos, nos acabaron de correr alimañas y es muy irónico jajajaja- Dicho esto, tomo de la mano sus amigos y se dirigió a la entrada escuchando a Marina gritando "Te arrepentirás de esto Paula no sabes con quien te metes" varias veces.
Cada día que pasaba, Paula se ponía nerviosa y feliz, asustada y excitada, tenía en mente miles de formas de como acercarse nuevamente y miles de preguntas como si ya la olvido o la ignoraría, si acaso se pondría nervioso o como lo tomaría, apenas era jueves y deseaba con toda su alma ya estar en aquella galería.
-Astrid...
-¿Hmm? ¿Que sucede?
-¿Y si... Tiene chica?
-Nada podrías hacer supongo, ¿Porque pensar eso tan repentinamente?, ¿Es que ya te has arrepentido?
-¡No! ¡Para nada! Es solo que... Sería algo fuerte para mi...
-Estaré ahí para ti entonces por si lo necesitas
-Gracias amiga mía...
-Solo un favor...
-Dime, ¡Lo que sea!
-¡No vuelvas a gritarme al oído! Recuerda que estamos hablando por teléfono, ¡Dios! Paula, ¡Contrólate! Jajajaja
-Perdóname, es que me ha ganado un poco la tristeza de pensar aquello- Paula de verse feliz toda una semana, estaba realmente angustiada, ilusionarse de esa manera y no sentirse preparada para saber o incluso ver que aquel muchacho definitivamente no tenía lugar en su vida.
-El tiempo lo dirá, tranquila Pau.
Sábado por la mañana, ¡Libre al fin del castigo bien ganado!, solo era cuestión de prepararse y salir rumbo a la galería, que por lo visto, sería bastante enorme y digna de apreciar, quería sentir más que nervios y miedo, una enorme felicidad, aun no podía creer que alguien así pudiera causarle todo lo que ha vivido emocionalmente.
-¿Listas señoritas?- Aaron a pesar de todo, era amigo de Paula y si ella era feliz, él con toda la tristeza que pudiera ocultar, lo sería.
-¡Vaya que listas!- Decían las dos al mismo tiempo, dirigiéndose al fin al lugar tan esperado.
-¿Listo ya, mi valioso obsequio?- Decía frente a la puerta cerrada del cuarto de Eric aquel pintor con mirada iluminada y gesto amable y sonriente.
-Si, claro- Minutos después de lo ultimo dicho por su padre, Eric había contestado con desgano.
-Pudieras sonar más alegre corazón-
-¿Podrías dejar de sonar como si pretendieras ser más que mi padre?- Decía molesto el muchacho golpeando la puerta abriéndola minutos después.
-Pero que cosa tan horrible has dicho corazón mio, soy tu padre y me expreso hacia ti como yo quiera, te adoro porque eres mi pequeño y no tengo porque ocultarlo con palabras ten secas como "hijo" o "muchacho" nada más- El padre se había indignado, sacudiendo la cabeza como pretendiendo alejar pensamientos que había dejado su hijo, palpándole el hombro y dirigiéndose ambos a la puerta principal.
Eric lo mirada entre enojado y burlón, tenía ya hace mucho tiempo que pretendía decirle aquella locura, esperando ver la reacción de su padre, no es que en realidad lo pensará, solo que el simple hecho de que aquel sujeto que tenía que ser obligado a llamarlo padre, se expresara de el de esa forma que sin duda, lo dejaban asqueado.
Así, se dirigían a la presentación del arte de Gêrome Dómine, hasta ahora, el amable y amoroso padre pintor.
Sería una noche bastante inesperada.
TO BE CONTINUED...
**Notas de la autora**
.-. Mi mente voló LOL
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